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Cuándo te sienta bien te sientes bien

Sentirse bien

Luis Astolfi nos trae una reflexión sobre la importancia del atuendo en nuestro ánimo: Cuándo te sienta bien te sientes bien. Cuándo te sientes bien te sienta bien.

 

“Una vez, hace ya mucho, mucho tiempo, conocí a una mujer que lo primero personal que me dijo acerca de ella misma fue: “Yo cocino sólo para mí.”

Y es que hay personas que lo primero que confiesan ante alguien del sexo opuesto a quien acaban de conocer es que están separadas, o divorciadas, o que son viudas, o que están solteras, o, por el contrario, que están casadas o comprometidas, todo ello para mostrar, con unas pocas palabras, su grado de disponibilidad para alguien con quien están cruzando las primeras palabras.

Aquella mujer, sin embargo, me dijo de aquella manera tan suya todo lo que consideraba que yo necesitaba saber, frase que adornó (ahora lo recuerdo) con una sonrisa y una bajada de pestañas hasta sus pies con zapatos sin tacón, transformando con ese gesto lo que en los primeros instantes me había parecido un rechazo preventivo antes de que yo hubiera abierto la boca, en una nueva situación pintada de un colorido mucho más rosado.

Fue su modo claro y directo, pero también sutil y, ante todo, elegante, de decirme que estaba disponible.

“Yo cocino sólo para mí.”

¿A que ahora suena diferente?

sentirse bien

Cuando alguien se avía, también puede hacerlo para los demás o para uno mismo.

Cuando se hace para los demás puede ser por agradar, para hacer felices a quienes te ven durante los momentitos en que estés visualmente a su alcance; o también para conseguir algo de ellos, como en una entrevista de trabajo, o para presentarse ante esa persona que nos acelera el corazón sólo con pensar en ella. Por unas razones o por otras, de lo que se trata es ofrecer una imagen positiva y atrayente, y que la vista de uno mismo sea grata a los demás.

Antes he utilizado la palabra aviarse porque me gusta. Es una de las muchas palabras que me gustan por sí mismas, más allá de por su significado, y que, aunque ya estén en desuso, utilizo de vez en cuando. Ésta, en particular, la utilizaba mucho mi abuela materna, justamente en el contexto en que yo lo he hecho ahora: arreglarse, ponerse guapos para salir a la calle.

Los avíos, en su origen, eran los diferentes ingredientes de un guiso. Lo que hacía que el plato tuviera consistencia, sustancia, lo que hacía que el plato fuera lo que tenía que ser. Más o menos lo mismo que hacemos nosotros con nosotros mismos, aderezándonos con las prendas con las que elegimos vestirnos para presentarnos ante el mundo cada día.

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También he utilizado otra palabra añeja que me gusta, aderezar, aunque sé que, aún siendo sinónimo de adornar o engalanar, ya no se utiliza referida a las personas, sino solamente en el mundo culinario. Del mismo modo, hay otra de la misma familia, aliñar, curiosa porque en su modo positivo no se usa salvo para la ensalada, pero que cuyo antónimo, desaliño, se aplica precisamente al aspecto externo de las personas.

Ir desaliñado, justo el extremo opuesto de ir bien arreglado… Al menos cuando uno va desaliñado por abandono, falta de tiempo o, en resumen, cuando ocurre sin querer. Porque cuando el desaliño es voluntario y cuidado, parece que ahora no se llama así, sino que se usa la palabra italiana sprezzatura, que (aplicada sobre todo al hombre) viene a significar despreocupación, concepto en el que, por su importancia en lo que puede significar al respecto de nuestra imagen (o marca) personal, profundizaré en una ocasión futura.

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Como siempre nos dice Elena Valor, lo importante es hacernos la pregunta: ¿Qué imagen queremos dar a los demás de nosotros mismos? Es decir, pensar en qué efecto queremos conseguir con ella, y por qué lo queremos conseguir.

El aspecto que adoptamos cada día depende en gran medida de lo que vayamos a hacer durante ese día, y de con quién nos vayamos a encontrar y el porqué de esos encuentros. Todo depende del momento, y como lo que es oportuno en un momento puede no serlo en otro, todo lo que hagamos en esto de cuidar nuestra imagen personal deberíamos asociarlo (al igual que ocurre con el sentido del humor) al sentido de la oportunidad.

Pero hay algo más. Como ocurre con los guisos, también nos aviamos para nosotros mismos, porque nadie, por mucho que se haga para los demás (y salvo causas de fuerza mayor, como las laborales), va a llevar algo que no le guste, algo con lo que no se vea bien, algo con lo que no se sienta bien.

Por eso, cada día tomamos decisiones frente al armario y al espejo, y elegimos, entre todo lo que tenemos en nuestro guardarropa, aquello que armoniza con nuestro estado de ánimo en ese momento.

Estilo lencero 2016Creo que hay una interrelación primordial entre nuestra segunda piel y nuestra piel principal, que lo que nos sienta bien es así porque nos sentimos bien con ello, y viceversa, formándose una simbiosis entre nuestro cuerpo y nuestra mente, y los atavíos (otra palabra arcaica que me gusta) confeccionados con tejidos naturales (de los que soy un ferviente defensor, frente a los multifacéticos, útiles y baratos tejidos sintéticos), para componer la imagen personal que mostramos al mundo al lanzarnos a nuestra aventura cotidiana.

Por supuesto, nuestro estilo es mucho más que nuestro aspecto exterior, pero sí podemos afirmar (sin llegar al extremo de asegurar que la primera impresión es la que cuenta) que este aspecto exterior es lo primero que se ve de nosotros mismos cuando nos presentamos ante alguien. Así que, para empezar, tenemos que cuidarlo y, al hacerlo, lograr sentirnos bien con ello. Porque si no estamos en armonía con nosotros mismos difícilmente podremos estarlo con los demás”.

Luis Astolfi escritor

 

Luis Astolfi

4 Responses so far.

  1. Juan Antonio dice:

    Hola. Gracias por esta reflexión. ¿Qué pasa cuando tienes una forma de vestir que te aporta seguridad, y te vetan su uso? ¿Cómo suplir esa falta de “soporte estético” para conseguir la seguridad que se necesita para el duro día a día profesional? Gracias. Juan Antonio

    • Hola Juan Antonio. Estoy segura de que sabrás encontrar tu propio estilo dentro de las limitaciones que te marcan en tu empresa. No olvidemos que cuando estamos trabajando somos la imagen de la compañía y, aunque no nos guste, debemos adaptarnos a ella. Eso no quiere decir que prescindamos de nuestras propias características y gustos ¿Qué hay que llevar traje a la fuerza y tú prefieres el estilo casual? Busca un bonito, cómodo y moderno traje con el que te sientas a gusto, seguirás sintiéndote seguro en tu “segunda y obligada piel”. Es cuestión de ir probando y no dejar de ser tu mismo. ¡Gracias por comentar!

  2. Marco dice:

    Sería bueno orientar como elegir los colores que nos asientan bien segun el color de nuestra piell. Agradeceré a Elena hacer un artículo sobre ello. Saludos